miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los 7 fantásticos

Tios, primos, cuñados, vecinos, amigos, conocidos, profesores, alumnos.... Y asi un sin fin de personas que iba conociendo y que no podía retener en mi memoria. ¿Cuánta gente vivía en el mundo? ¿Un millón de personas? ¿Así como iba a hacerme con el mando?

(Imaginad mi cara cuando descubrí cuánta gente vive realmente en el mundo...)

Pero de todos, me quedo con LOS ABUELOS.
Sí, porque a parte de que eran los más grandes, es que tuve 7. Si, yo pensaba que era normal, pero enterarme de que la gente normalmente tiene 4 fue el primer paso para darme cuenta de lo privilegiada que soy.

Ya conoceis a la morena, la madre de la rubia. Esa fue la primera a la que conoci. Era tan guapa! Desprendía calor por todos los poros de su piel. Mucha gente pensaba que era una persona egocéntrica y altanera, ya que venía de buena familia y en aquella época la gente de bien estaba muy por encima de los demás. Pero todo aquel que la conocía, la adoraba. Era una persona noble y religiosa. Pero religiosa de la buenas, de las que creía en Dios y en sus enseñanzas, de las que cumplía los 10 mandamientos. Pensareis que eso no existe, y teneis razón, con ella se fue la última. ;).

Pero estamos en el principio todavía.

Pues eso, enamoraba a todo aquél que tenía el placer de conocerla y, por supuesto, me enamoró a mí. En realidad fue un amor bidireccional, nos enamoramos juntas la una de la otra. Porque fui su última nieta, ella ya tenía experiencia en eso, pero me quiso como si fuese la única, a todos nos quiso así. Pero yo, además, me parecía a ella...

Ella tenía un marido. Alto, guapo, con unos ojazos que dejaban atontado a cualquiera que los mirara.
Era mucho más arisco que ella al trato, y la vida le trataba bien. No se molestaba tanto como ella en demostrar su humildad, pero cuando te molestabas en mirarle a los ojos la veías. Veías a un hombre con un corazón tan grande que no le cabía en el pecho. Y por eso me gustaba mirarle a los ojos. Mucho. También me enamoré, por supuesto, no podía ser de otra manera.

Y estaban también los padres del alto.

Él daba miedo. Y os voy a contar por qué. La mayoría de la gente de esa época era gente menudita, con poquita altura, poca cosa. Pero él... madre mia. Ese hombre no se acababa nunca. Era enorme, tenía unos brazos y unas manos tales que con una de ellas me abarcaba entera. Era gigante.
Igual que ella, para ser mujer, era muy grande. De cadera ancha. Mujerona. De las que vienen predestinadas a ser madres.
Eran la bondad en persona, eran maravillosos. Venían los dos de familias humildes, habían sufrido una guerra y una postguerra y sabían lo que era pasar hambre. No habían podido estudiar, por ponerse a trabajar y siempre iban cortos de dinero. Sin embargo, hicieron lo posible para que sus hijos pudiesen estudiar y tener un futuro, aunque tuviesen que quitarse el pan de la boca(que seguro que lo hicieron en más de una ocasión). Eran MARAVILLOSOS.

Y, además, tenía una tia abuela. La hermana de mi abuela(la madre del alto). Se casó con un señor bajito y aragonés con el que vivió feliz hasta el último dia de su vida. Nunca tuvieron hijos, por eso el alto era como su hijo, y nosotros, como sus nietos. Me cuidaron, trataron y quisieron como tal. Me adoraban, y yo a ellos. Ese hombre era especial. Era (se que estoy repitiendo mucho esta palabra, pero es que no hay otra) la bondad. Era pequeño porque tenía el corazón de tal tamaño que no le había permitido crecer. Y ella...ella lo mismo. Era mas animal que un campo de melones. Y lo más gracioso que había en aquella época, seguro. Pero era buenísima. Amaba al alto (me atrevería a decir) casi más que su propia madre. Creo que ella sí que hubiese incumplido muchos mandamientos si eso le hubiera ayudado a él en lo que fuese. Y transmitió de manera automática esa adoración por ál a nosotros. Por eso ellos fueron mi tercer par de abuelos. Porque, realmente, lo fueron.

Y a la séptima en discordia, ya os la presenté. Evidentemente, fue como mi abuela. Porque éramos su familia y ella la nuestra.

En fin, sé que esta entrada no es muy graciosa, pero no podía no presentar a 7 de las personas que marcaron mi vida. 7 muy importantes, que me amaron de manera incondicional, y alguna sin llevar mi sangre.

(Prometo volver a mi linea de diversión sin fin... es que no ha sido un buen fin de semana y necesitaba ofrecerles mi pequeño homenaje.)

7 comentarios:

El guardian del Faro dijo...

Ayer me pasé el día hablando de la morena y de todo lo que nos enseñó..¡cómo la echo de menos!.
Tuviste una suerte especial....7 ¡¡y todos estupendos!!

;DD
besos

Jauroles dijo...

Y qué que no sea graciosa? Es lo bueno de los blogs personales, que queramos o no, reflejan de un modo u otro nuestro estado de ánimo.

Besos.

La pequeña Meg dijo...

Precioso homenaje, nuca pude conocer a mis abuelos, y mis abuelas fallecieron siendo yo pequeña, aún así guardo "flashes" en mi memoria.

Un abrazo!

María dijo...

Maravillosa entrada, me encantó!
Saludos

La loca de las piruletas dijo...

Ma! Si q es verdad, tuve una suerte que aun ni me la creo...

Jauroles, tienes toda la razon. Por cierto, siento lo de tu portazo, pero tranquilo, dicen q cuando una puerta se cierra, de abre una ventana. Seguro q te espera algo mucho mejor. ;)

Meg! Muchas gracias! Siento q no conocieras a tus abuelos. Por mi experiencia, te perdiste algo maravilloso. Pero espero q hagas lo posible por estar para tus nietos! Q seguro q eso debe de ser mejor aun! :)

María! Encantada! Muchas gracias y bienvenida! Voy a hacerte una visitilla.

Besos a todos!

Maria dijo...

¡Qué bonito! Yo quiero que, de mayor (o ahora mismo, que tampoco voy a autodiscriminarme por la edad) alguien me incluya en un post titulado "los 7 magníficos".

Besos

La pequeña Meg dijo...

Mucha sgracias!! Te he dejado un premio en mi blog, espero que lo disfrutes!!